lunes, marzo 16, 2026

El Hierro cierra el bucle vespista del archipiélago


XVI Vespasión Canarias

La revista del Vespasión

El Hierro, la isla del Meridiano, se prepara para recibir uno de los encuentros más esperados por la gran familia vespista de Canarias. Los próximos 1 y 2 de mayo, el rugido suave de los motores de las míticas scooters italianas recorrerá sus carreteras para celebrar el XVI Vespasión Canarias, una cita que además tiene un significado especial: cierra el bucle de visitas mototurísticas de las Vespas por todo el archipiélago.

Lo que comenzó en 2010, impulsado por el Moto Club Las Palmas Roque Nublo, se ha convertido con los años en una auténtica tradición sobre dos ruedas. Una reunión que ha ido sumando adeptos en cada isla y que hoy congrega a una comunidad apasionada que comparte mucho más que una moto: una cultura, una estética y una manera de entender el viaje.

Cuando llega el puente de mayo, el avispero vuelve a agitarse. Así llaman cariñosamente los aficionados a esta gran familia de scooters nacidas de un concepto tan simple como brillante: la avispa, la Vespa. Diseñada por Corradino D’Ascanio bajo la dirección de Enrico Piaggio, aquella ingeniosa máquina creada en 1946 terminó convirtiéndose en uno de los vehículos más emblemáticos de la historia del motociclismo.

Durante las décadas de los 50 y 60, la Vespa fue mucho más que un medio de transporte: fue la compañera de la movilidad popular, el vehículo familiar de la nueva sociedad que emergía tras la posguerra. Práctica, robusta y sorprendentemente versátil, pronto conquistó las calles de Europa… y también las de Canarias.

En el archipiélago, las Vespas encontraron un territorio perfecto. Llegaron en los años cincuenta y su popularidad creció rápidamente, impulsada también por los éxitos en las primeras competiciones de motos y coches, así como en los rallyes de la época. Su fiabilidad, maniobrabilidad y capacidad de carga las convirtieron en herramientas de trabajo, transporte familiar y símbolo de libertad cotidiana.

Con el paso de los años, lo que fue un fenómeno popular se transformó en una pasión global. Clubes, concentraciones, restauraciones y rutas mantienen viva la cultura vespista en todo el mundo. Miles de estas máquinas clásicas vuelven a rodar tras cuidadosas restauraciones, convertidas hoy en auténticos iconos vintage.

Este 2026, además, la Vespa celebra 80 años de historia, y los amantes del legendario scooter italiano tienen una cita internacional muy especial: la gran concentración mundial en Roma, donde se reunirán aficionados de todos los continentes.

En Canarias, la celebración tendrá su propio capítulo con la edición herreña del Vespasión. La revista Vespasión Canarias, editada y maquetada por el club organizador Las Palmas Roque Nublo, recoge en formato digital un completo recorrido por esta cultura sobre ruedas: historias humanas, personajes del mundo vespero y recuerdos de la Vespa en las islas.

Entre sus páginas también se detalla todo lo que rodeará al evento de El Hierro 2026: rutómetro, etapas, información técnica y el ambiente social que acompañará la ruta. Un programa que ya cuenta con 165 inscritos, cifra que confirma el enorme tirón de esta cita anual.

La fiesta herreña promete convertirse en uno de los momentos más especiales del calendario vespista canario. Pero la temporada aún guarda más sorpresas. El año culminará con otro de los encuentros más queridos por los aficionados: el Oasis Vespasión Viejas Glorias, que se celebrará en Playa de Mogán del 6 al 8 de noviembre, donde además se presentará la XVII edición del anuario 2027.

Mientras tanto, los motores ya empiezan a calentarse. El Hierro se prepara para escuchar el zumbido inconfundible de decenas de Vespas recorriendo sus paisajes volcánicos.

Un sonido que, desde hace ocho décadas, sigue significando lo mismo: libertad sobre dos ruedas.

La revista digital Canariasenmoto realizará un seguimiento especial del evento, que contará con participación internacional, nacional e insular, en una edición llamada a marcar historia dentro del movimiento vespista en Canarias.

 

domingo, marzo 08, 2026

Guardianes del Patrimonio


Ayer se celebró la jornada de puertas abiertas en las instalaciones del Museo de Vehículos Antiguos de Las Palmas. Fue una mañana festiva donde la alegría colectiva viajaba en la expresión de las miradas y el ardor de la camaradería congratulaba el encuentro. Nos acercamos a compartir esas pasiones que se desgranan solo para los sibaritas del recuerdo y del cultivo del metal de la historia.

Un racimo constante de gente admiraba tantas cosas que nos unieron y que hoy permanecen impolutas, a salvo en el garaje de los sueños. En la entrada del recinto, la pequeña algarabía de feria de antigüedades entretenía a una afición venida a más, buscando razones para seguir aumentando la nómina de las pasiones y de las viejas glorias.

Antonio Sosa era un hombre feliz. Compartía información del recinto y de los coches expuestos, mientras recibía el calor y los saludos agradecidos de mucha gente. Su trabajo no ha caído en saco roto: su compromiso es un pasaporte de pasiones, historias y trabajo. Charlé un rato con él y capté la pasión de una vida llena de virtud con los hierros. Pero, a la vez, también el entusiasmo y la necesidad de revitalizar el difícil y esperanzador futuro, sin bajar la guardia, aportando voluntad y la fiel sabiduría de la verdad conservada. 


Charlamos con Tino Marrero, Pepe Morales, Paco Quintana, Orlando, y esa guardia permanente de la protección de las dos ruedas. El Club de Motocicletas Clásicas y Antiguas de Gran Canaria lleva tiempo unido a la causa y al objetivo. Su unión física a la institución de los coches le ha dado una fuerza positiva a su entidad.


Y nuestro historiador más comprometido, José A. Monzón, pletórico y fiel luchador, cerraba el brazo deportivo de la institución: la Escudería Drago y una historia interminable de éxitos y escuela. Tres instituciones históricas reunidas en el Club de Automóviles Antiguos de Las Palmas. Qué hermoso.

El esfuerzo y la ilusión de todos, en la misma dirección, agrandan el camino y fortalecen la convicción de un objetivo común que debería estar más arropado por las instituciones gubernamentales. Las Palmas de Gran Canaria tiene un montón de historia guardada e impoluta. Sus museos, a veces olvidados, deberían estar presentes en la guía cultural y en la memoria activa de los mandatarios políticos, y no quedar solo como actividad particular de un club que se desgasta para mantener e invertir en un patrimonio que es de todos.

Tiene que ser un punto de referencia e inyección de continuidad, para esa nueva historia ordenada en la que se han congratulado los clubes y personas de buena fe en conservar y salvar.

Hilario Gómez estaba tan alegre que me dio un efusivo saludo, y le correspondí con el comentario agradecido de la Subida a Juncalillo, cuyos titulares más satíricos y espontáneos fueron:
“Se pasaron con el romanticismo de reproducir aquel tiempo”.
Porque, para la fiesta, el escenario fue fiel a la memoria: frío, niebla, viento y una tenebrosa atmósfera que recordaba cuando eran jóvenes y había que luchar contra todos los elementos.

Después de colmar de abrazos y saludos a una legión de amigos felices, nos llevamos esa sintonía de silencio intuitivo, de transmisión generacional, de fortalecimiento de valores y de miradas amplias sin ombliguismos. Con la fuerza de nuestros guardianes del patrimonio, que bien merecen el respeto agradecido por sus esfuerzos.


Algún día, más pronto que tarde, superaremos a esa “pérfida Albión” que manifiesta semanalmente en sus mercadillos tradicionales el lucimiento de la historia del automóvil; que saca de sus garajes el orgullo de sus pasiones para exhibir la alegría de su salvación en la conservación de un patrimonio excepcional.

martes, marzo 03, 2026

LUBE: la moto que fue orgullo, rivalidad y memoria

 



Manuel Esteban, Teofílo Cabrera, Mick Andrews, Pepe Moreno, Jose Angel Mendivil y Feli Sant

Historia de una marca española que nació de unas iniciales y terminó convertida en leyenda.

Luis Bejerano fundó una preciosa marca con sus propias iniciales: LUBE. Junto a Montesa, dio un impulso decisivo al despegue nacional de la fabricación motociclista en una España que necesitaba industria, ilusión y futuro. Eran años de convergencias, de esfuerzo compartido… y también de rivalidades encendidas.

En aquel ecosistema competitivo aparecían las maledicencias, casi como una tradición popular. Parecía que el lema era “¡sálvese quien pueda!”. A SEAT la llamaban “Siempre estarás apretando tornillos”; a los furgones ingleses BMC, “Bonita mierda compraste”. Y en el mundo de las motos la imaginación era todavía más afilada:

“Cómprate una Montesa y verás lo que pesa”,

“Cómprate una Bultaco y llenarás de pistones un saco” …

Y a nuestra querida LUBE, los enemigos la bautizaron como “La última birria española”.

Pero aquella sabiduría popular, tan directa y tan nuestra, tenía algo entrañable. Más que desprestigiar, humanizaba. Porque todas aquellas marcas eran, en el fondo, parte del mismo orgullo colectivo: demostrar que en España también sabíamos fabricar, competir y soñar sobre dos ruedas.

El hombre detrás del nombre

Luis Bejerano Murga nació en el País Vasco en 1900. Ingeniero y piloto, pasó casi treinta años trabajando en la fábrica Douglas de Bristol, en el Reino Unido. Allí aprendió disciplina industrial, precisión mecánica y una visión moderna de la motocicleta.

Cuando regresó, no volvió con nostalgia, sino con un proyecto. En 1947 fundó en Lutxana (Barakaldo) Lube-NSU. LUBE no era solo una marca: era LUis BEjerano. Era su firma, su compromiso personal.

En plena posguerra, levantar una fábrica de motocicletas era casi un acto de fe. Sus modelos —como la A-99 o la Renn 150— demostraron que aquí se podía fabricar con calidad, carácter y ambición deportiva. Porque Bejerano entendía que las motos no solo se diseñan en planos: se prueban en la carretera y se legitiman en los circuitos.

Por eso LUBE también apadrinó a pilotos. Entre ellos, una promesa que apuntaba a lo más alto: Santiago Herrero, que tenía madera de campeón del mundo. Bejerano supo ver en los jóvenes el futuro que él mismo había ayudado a construir.

Tras veinte años de producción, la fábrica cerró golpeada por las dificultades financieras y la fuerte competencia exterior. Pero hay algo que no cerró nunca: el respeto.

Una LUBE en Inglaterra

A comienzos del nuevo siglo, paseando por la feria Clasicc Bike de Stafford, vi una larga cola frente a un stand. Algo extraordinario debía haber allí. Cuando por fin conseguí acercarme, lo entendí todo: una LUBE Renn TR 150 Le Mans, plateada y negra, relucía como reina del salón. Tenía embobados a los ingleses.