viernes, octubre 23, 2026


 


 

miércoles, octubre 21, 2026


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 

sábado, octubre 10, 2026

COLOMBRES VOLVIÓ A ABRAZAR A LAS VIEJAS GLORIAS CANARIAS


 Hay viajes que empiezan mucho antes de arrancar una moto. Comienzan en la ilusión de preparar las máquinas, en ese cosquilleo que despierta volver a un escenario conocido y en la necesidad casi juvenil de comprobar que todavía quedan carreteras donde las viejas mecánicas puedan contar sus historias a golpe de acelerador.

La IV Subida Unquera-Colombres, celebrada este 10 de octubre, volvió a convertirse en uno de esos lugares donde el motociclismo clásico encuentra acomodo, paisaje y pasión. Asturias sabe vestir bien estas cosas. El verde profundo, las carreteras estrechas, las casas indianas y ese otoño norteño que comienza a refrescar los colores arropan una competición donde el verdadero espectáculo está también en contemplar las motos, escuchar sus motores y descubrir cuánto cariño existe detrás de cada máquina.

Por segundo año consecutivo, el Moto Club Las Palmas Roque Nublo llevó hasta allí una pequeña representación de Viejas Glorias Canarias. Esta vez con Jorge “Coke” Gómez Benítez, sobre una Ducati 900 SS, y Germán González Saavedra, encargado de exprimir el nervio de una Yamaha RD350 del equipo Tito Inza.

Dos motos completamente distintas.

El ronquido grave y rotundo de la Ducati frente al chillido rabioso del dos tiempos japonés. Dos escuelas, dos maneras de entender la velocidad y una misma intención: que las motos clásicas no terminen condenadas a permanecer quietas en un garaje.

Y esta vez Coke venía especialmente enchufado.

Apenas unos días antes había estado peleándose con piedras, barro y escalones en el Trial de Clásicas de Robregordo, sobre su Honda RTL 250 Réplica Lejeune. De las botas de trial al cuero de velocidad, del equilibrio pausado entre piedras húmedas al acelerador abierto sobre el asfalto asturiano.

Debe ser que los años enseñan a dosificar las fuerzas, pero no necesariamente las ganas.

lunes, octubre 05, 2026

VUELVE EL CLÁSICO


 https://www.canariasenmoto.com/noticias/el-rallye-tt-viejas-glorias-vuelve-con-mas-libertad-que-nunca-34295.html

COKE GÓMEZ. DE ROBREGORDO A COLOMBRES, DOS JOYAS Y UNA VIEJA PASIÓN

 



El veterano piloto canario de Viejas Glorias continúa su aventura deportiva entre el trial clásico y la velocidad en cuesta, con una Honda RTL 250 Réplica Lejeune y una Ducati 750 Sport.

Hay motoristas que llevan tantas aventuras en el cuerpo que parecen haber consumido varias vidas sobre dos ruedas. Personajes inquietos, curtidos en las dificultades de la competición, que siguen encontrando en las motos una fuente inagotable de ilusión y que, lejos de acomodarse en la nostalgia de sus viejas glorias, continúan buscando nuevos retos para alimentar sus pasiones.

Uno de ellos es nuestro amigo Jorge «Coke» Gómez, distinguido representante de esa estirpe de pilotos canarios que han recorrido medio mundo persiguiendo aventuras. Su extraordinario palmarés, con participaciones en varias ediciones del Rally Dakar y una larga trayectoria en diferentes disciplinas del motociclismo, habla de una vida deportiva que ahora encuentra nuevos alicientes en las motos clásicas, una pasión que cultiva con esmero y que sigue ofreciéndole buenas razones para viajar, competir y divertirse.

Esta vez tocaba desempolvar los recuerdos trialeros y volver a la vieja escuela, en uno de los escenarios más entrañables del calendario nacional: los Dos Días de Trial de Clásicas de Robregordo, en la sierra madrileña, donde la vigesimosegunda edición volvió a reunir a la gran familia del trial antiguo los días 3 y 4 de octubre, bajo la organización del Moto Club Sotobike.

Robregordo tiene una personalidad propia, de aquellas pruebas que todavía conservan el aroma de los triales de antaño, donde la interzonas forma parte esencial de la aventura y el piloto debe administrar sus fuerzas, interpretar el terreno y mimar una mecánica que no siempre perdona los excesos. Bosques, laderas, caminos pedregosos y una naturaleza generosa de montaña que cada otoño se convierte en un magnífico escenario para la competición clásica.

Y allí apareció Coke con una verdadera joyita del motociclismo japonés: una Honda RTL 250 Réplica Lejeune, última serie de 1986, heredera de aquella generación que marcó una etapa brillante del trial mundial de la mano del belga Eddy Lejeune, tricampeón del mundo.

La Honda merece capítulo aparte.

En aquel año 1986 llegaron solamente seis unidades a Canarias, una exclusividad que convertía aquellas máquinas en auténticos objetos de deseo para los trialeros de la época. Su precio rondaba las 800.000 pesetas, una fortuna para entonces, cuando hacerse con semejante maravilla mecánica suponía un sacrificio económico extraordinario. Hoy, cuarenta años después, siguen representando una de las páginas más selectas de la evolución técnica del trial clásico, con una personalidad que las hace inconfundibles.

Con este pequeño tesoro Coke decidió apuntarse a Postclásicas Azul, el nivel más exigente de las dificultades propuestas. Una decisión valiente que, a medida que avanzaba la competición, terminaría convirtiéndose en una lección de adaptación, aprendizaje y sensaciones encontradas.

«La verdad es que el trial fue fenomenal, muy bien organizado», nos contaba entusiasmado al terminar la aventura.

domingo, octubre 04, 2026

PASAJES DE LA PRESENTACION DEL LIBRO


 

TRIAL DE TEROR, UN CLASICO

 

Trial de Teror. Un clásico que sigue cumpliendo ediciones

En una temporada trialera donde la mayoría de las pruebas se han concentrado a final de la misma, sigue sorprendiéndonos el poder de renovación y la fuerza de la base para mantener la ilusión de la continuidad. Poco a poco el futuro va tomando el relevo y encontramos bastantes motivos para garantizar una continuidad, tal esfuerzo supone nuevamente que el trabajo artesano de los motoclubes se sienta arropados por la afición, mas que por la institución que en sus expedientes somos complementos activos de su fin de semana en la variedad deportiva.

sábado, septiembre 12, 2026

Museo del automovil de Las Palmas


 

LAS HISTORIAS DUERMEN PLÁCIDAMENTE PARA QUE LAS DESCUBRAS

Tras la presentación editorial de Historias de Viejas Glorias, en el Museo del Automóvil de Gran Canaria, me quedé pensando en esta suerte maravillosa de poder descubrir el pasado.

Aquí, en medio de la ciudad, pasa casi inadvertido, pero en su corazón late el milagro de una resurrección permanente. Devolver la vida, restaurar el latido del tiempo, traer de vuelta a casa la memoria física de lo vivido. Entrar allí es viajar en el tiempo de verdad, sin realidad virtual, sin inteligencia tecnológica ni filtros de imaginación. Basta caminar por aquellos pasillos alineados de honor, trasiego, andanzas e historias que parecen hablar solas con el testimonio de sus miradas: hileras de coches antiguos y clásicos, motocicletas y objetos de un pasado reciente y lejano.

Entrar en el Museo del Automóvil es sentir que la historia quiere manifestarse a lo grande, pero también en los detalles, con esa excelencia del trabajo bien hecho y pensado para que el futuro sepa de dónde venimos.

Por eso fue un honor inconmensurable abrir allí las páginas de Historias de Viejas Glorias en su estreno literario. Un aforo que superó nuestras expectativas y un sentimiento de cercanía que nos congratuló a todos los colectivos que se acercaron a compartir esta experiencia de literatura, patrimonio y memoria.

Los verdaderos actores del libro estaban allí sentados.

Algunos escuchaban perplejos, otros sonreían, otros parecían tener ganas de levantar la mano y contar inmediatamente su propia versión. Y casi sin darse cuenta, muchos formaban parte importante de aquellas mismas historias que estábamos presentando.

El escenario lo puso todo.

Caluroso, sí.

Pero entrañable también.

Y entre tantas historias apareció Manolito, el Latonero de Arucas, con aquella maravillosa fotografía familiar junto a su Triumph 350. Un personaje de esos que no necesitan adornos porque la propia vida ya se encargó de escribirles el guion.

Manolito, ingenioso como pocos, le había colocado al escape de la moto una palometa para modificar el sonido y, cuando entraba por Bañaderos, tiraba de una palanquita desde el manillar y aquella Triumph comenzaba a lanzar silbidos ahumados que ponían en revolución a toda la chiquillería.

Y en su taller tenía tres amigos inseparables.

La perra Tinka, que incluso subía con él en la motocicleta; la cacatúa Katana, que no paraba de hablar mientras trabajaba; y un ratón blanco que acudía a su silbido y permanecía cerca durante aquellas soldaduras de latón, entre el soplete, el hierro y el yunque.

¿quién inventa algo así?

La vida.

Siempre la vida termina teniendo mejores ocurrencias que nosotros.

Y luego aparece Heriberto Valerón.

De niño acompañó a su padre al Garaje Kune para buscar un automóvil de ocasión y allí descubrió, casi sin saberlo, el amor mecánico de su vida.

Dentro de una gran caja de madera, manufacturada en Inglaterra y todavía embalada, apareció una imponente Ariel Square Four de 1.000 cc.

Aquello, en los años cincuenta, debía ser una barbaridad.

domingo, septiembre 06, 2026

AQUELLAS ESCAPADAS DE LOS AÑOS SESENTA EN MOTO

Cada vez estoy más convencido de que alimentar esta pasión por las motos es también una manera de ir enhebrando pequeños acertijos de nuestra propia historia. Una máquina lleva a una carretera, la carretera a un pueblo y el pueblo termina llevándonos hasta alguna persona que estuvo allí cuando todo aquello comenzaba.

Y casi siempre acabamos junto a nuestros mayores.

A esas Viejas Glorias auténticas que recorrieron los caminos cuando viajar era todavía una aventura, conocieron las primeras carreteras, desmontaron motores con herramientas elementales y descubrieron la isla cuando buena parte de ella parecía encontrarse mucho más lejos de lo que hoy indican los kilómetros.

Otro domingo más me siento a charlar con mi tío Domingo Fleitas.

Y vuelvo a pensar cuánto nos empeñamos ahora en buscar respuestas en libros, teléfonos o vídeos de TikTok para terminar empachados de imágenes que muchas veces van directamente a la papelera cerebral. En cambio, cuatro conversaciones con una persona que ha vivido casi noventa años pueden enseñarnos más sobre la movilidad, las costumbres y la sociedad canaria que muchas horas de consultas apresuradas.

Será porque sus historias han pasado ya por tres buenos filtros: la existencia, la experiencia y la madurez.

Y eso, como ocurre con el buen vino, termina dejando una pátina imposible de fabricar.

Domingo conserva una memoria excelente y una curiosidad que no ha perdido con los años. Le interesa la historia y disfruta contándola, especialmente cuando descubre que uno también tiene ganas de escuchar.

Fue mecánico de los de antes. De algodón, grasa y mono azul.

LAS CLASICAS ENAMORAN EN BARLOVENTO

 

Cada año resulta más fácil entender por qué Barlovento se está ganando un lugar propio dentro de las subidas en cuesta del motociclismo canario. Su rampa parece diseñada para las motos: montaña, buen asfalto, amplitud, dos y tres carriles bien definidos y un trazado rápido y atractivo que permite a pilotos y máquinas disfrutar de unas sensaciones especiales en este final del verano.

La carretera se convierte durante unas horas en un auténtico circuito abierto en la montaña, con curvas, desniveles y zonas rápidas que reúnen buena parte de los ingredientes necesarios para una gran prueba. Y cuando el escenario acompaña, también crece el espectáculo.

Ya son tres años consecutivos en los que el equipo de Rayco y RR Eventos viene cuidando esta cita con la intención de elevarla hasta convertirse en una referencia dentro de Canarias. A la competición se han ido sumando nuevos alicientes, como la presencia de pilotos foráneos y nombres vinculados al Road Racing, además de unas parrillas que poco a poco van enriqueciendo la jornada.

El paddock instalado en el pueblo completa esa atmósfera especial. Allí las motos, los equipos y los aficionados comparten espacio y convierten la carrera en algo más cercano, permitiendo que Barlovento no sea solamente el lugar por donde pasa la competición, sino parte activa de la fiesta.

Y en ese ambiente volvieron a tener protagonismo las motos clásicas.

El equipo de Viejas Glorias, con Coke Gómez y Germán González, y Luis Naranjo como jefe de equipo, volvió a vestir el box con esa estampa romántica que solamente las motos de época saben ofrecer. Sus motores, su sonido y la personalidad de aquellas máquinas europeas aportaron un sabor distinto a la jornada.

Sería magnífico que en próximas ediciones fueran sumándose más amigos de las clásicas hasta conseguir una manga cada vez más numerosa. Barlovento tiene escenario, ambiente y público para ello. Todo se andará.

Mientras tanto, el paisaje hacía también su carrera particular.

La amplia vega de plataneras, escalonada entre terrazas y bancales, las pequeñas casas blancas repartidas por las laderas y el verde intenso de esta parte de La Palma envolvían una jornada diferente. Sobre ese paisaje sonaba durante todo el sábado la melodía de los motores, con participación llegada desde distintas islas y un pueblo que poco a poco va acostumbrándose al particular lenguaje de las subidas en cuesta.

Barlovento empieza a tener sabor a carreras de motos.

Y esa identidad merece seguir creciendo.

Quizá el siguiente paso sea complementar la competición con una pequeña feria de motos clásicas, exposiciones y otros contenidos culturales relacionados con la historia del motociclismo. Una fiesta que permita al público permanecer más tiempo en el municipio y que convierta el fin de semana en un verdadero encuentro del motor.

Desde Viejas Glorias ya se tira del carro en esa dirección, ofreciendo las motos clásicas como escaparate de una historia que merece seguir acompañando a la competición moderna.

Porque Barlovento tiene algo difícil de fabricar: un escenario que funciona, una carretera que enamora a los pilotos y un paisaje que convierte la carrera en espectáculo.

Ahora solamente queda seguir cuidándolo.

Y dejar que, año tras año, el ronquido de las motos continúe subiendo montaña arriba.


miércoles, agosto 26, 2026

Sueños de una noche de verano

 

Sonaba “Sol caliente”, de Collage, en La radio al sol, programa estrella de Radio ECCA. También “Échame a mí la culpa”, de Albert Hammond, o el ya trillado “Para que no me olvides”, de Lorenzo Santamaría. Aquel pop romántico de los setenta que casó a buena parte de la España obrera del despertar, en los últimos suspiros del régimen y mucho antes de que los divorcios entraran a formar parte de nuestra normalidad.

Aquella revolución musical puso también de moda Las noches de Ronda, con sus canciones dedicadas, y nos mantenía anclados a la radio, aquel aparato que entonces era ventana abierta al mundo, compañía de las casas y mensajero de todo lo que ocurría más allá de nuestras pequeñas fronteras.

Recuerdo descubrir la música pop extranjera, The Beatles, Creedence Clearwater Revival o Supertramp, allá por los primeros años setenta, mientras le lavaba el coche a mi tío a cambio de unos duros. Era un Volkswagen Escarabajo 1300, verde intenso, con unas franjas blancas laterales que le daban un aire moderno, pop y casi discotequero.

Dentro llevaba aquellas extravagancias que nos parecían venidas directamente del futuro: relojes japoneses, adornos curiosos y cintas de cartucho con los últimos gritos musicales que llegaban de Europa. Ellos habían descubierto aquel pequeño Dorado canario que comenzaba a crecer alrededor de la construcción y del nuevo Sur turístico, donde parecía posible ganar dinero y escapar de una vida que hasta entonces venía marcada por el campo, el esfuerzo y unas posibilidades bastante estrechas.

miércoles, agosto 12, 2026

Adios Manolo

 

Acabo de enterarme la desaparición del amigo Manolo. Fué un gran defensor del Viejas Glorias y durante muchos años cargaba ilusionado su camioneta con todo el material. pequeñas y medianas cilindradas para llevarlas al evento, siempre fiel, siempre alegre y con esa chispa de guerrero del asfalto antiguo. Recuerdo visitarle en su casa de la Higuera Canaria, se pasaba los fines de semana alrededor de sus motos y coches clásicos, tenía siempre los deseos cercanos de compartir sus pasiones con los amigos, y recuperó mucho material de pequeñas cilindradas que hoy estaría desaparecido. Mandamos un abrazo fuerte a su familia, y mucha fuerza y amor. Nos quedamos con sus mejores sonrisas con el Viejas Glorias, del que siempre fué un defensor a Ultranza. Abrazos al cielo, compañero., hasta volvernos a ver.

domingo, julio 26, 2026

LOS GENES DEL MOTOCICLISMO

 


El periodo comprendido entre los años cuarenta y sesenta produjo en la sociedad industrial un fenómeno decisivo: la movilidad sobre dos ruedas. La motocicleta era un elemento seductor, práctico, relativamente económico y muy eficaz. Permitía avanzar a otro ritmo y ofrecía a la sociedad una primera gran conquista: el ahorro de tiempo.

La moto, convertida en símbolo de aquella revolución, comenzó a ganar adeptos entre los trabajadores de las fábricas, en las ciudades administrativas y de servicios, y también en el paisaje rural, donde se utilizó como medio de transporte familiar. Se estaba produciendo el tránsito entre los últimos arrieros, dependientes todavía de la fuerza animal, y los primeros motoristas impulsados por la mecánica. Tal vez por ello, en muchas familias llegó antes la motocicleta que el automóvil.

Esta corriente modernizadora e industrial encajaba perfectamente con una sociedad en plena evolución. Las fábricas impusieron un creciente ritmo de producción de motocicletas de pequeña y mediana cilindrada, creadas por marcas que trabajaban de manera casi artesanal, pero con una ingeniería imaginativa y sorprendente.

En aquella España que comenzaba a despertar industrialmente, la necesidad urgente de disponer de medios de transporte favorecía los intercambios comerciales y contribuía a generar una nueva economía de mercado.

Nuestra infancia, vivida entre los años cincuenta y setenta, estuvo marcada por la curiosidad y la observación de cuanto ocurría a nuestro alrededor. También conocimos las tímidas escenografías de los primeros estudios fotográficos, con sus característicos pedestales que imitaban vehículos y motocicletas. En una de aquellas imágenes aparece nuestra amiga Pino Rosa, posando para la posteridad en el año 1951.

Para un niño ávido de experiencias modernas, subirse a las motocicletas de un tiovivo —Vespas o motos de policía— podía convertirse en una experiencia casi extrasensorial, digna de permanecer para siempre en la memoria.

Fueron aquellos años en los que soñábamos con ser gladiadores del asfalto. Con cañas, maderas y caballetes imitábamos la postura más pura del pilotaje. En una de las fotografías aparece nuestro amigo Marce, durante los años sesenta, montado en uno de aquellos tiovivos de la capital.

De aquellas experiencias infantiles surgieron grandes motoristas y excepcionales pilotos. Ninguno de ellos podía imaginar que sus genes motociclistas, o sus primeras nociones básicas sobre las dos ruedas, habían aparecido mucho antes de contemplar una carrera en televisión: quizá al cruzar la calle de la mano de sus padres o durante la feliz visita a una feria de pueblo, donde un sencillo tiovivo regalaba las primeras ilusiones.

La motocicleta, como elemento social, fortaleció las relaciones familiares y las amistades. Acercó a las personas y respondió a una necesidad vital de transporte. Fue una gran precursora de la libertad y un poderoso refuerzo de la autonomía personal.

Mi abuela Benita jamás habría pensado en subirse a la motocicleta familiar. Sin embargo, las trágicas circunstancias provocadas por la muerte prematura de mi padre la obligaron a realizar su primer viaje en moto por una necesidad imperiosa.

Le dijo a Miguel Ramírez, mi abuelo:

—Prepara la Francis-Barnett, «La Paquita», que vamos a atender a la familia.

Y así fue como se subió por primera vez a una motocicleta. Viajó sentada de lado, recorriendo kilómetros de pistas rurales de tierra antes de llegar a Telde.

Siempre pensé que aquel día mi abuelo vivió una profunda contradicción. A pesar de la tristeza, las circunstancias le habían concedido una pequeña e inesperada alegría: la única oportunidad de pasear a la abuela en su motocicleta.

Quizá por ello, y sin que apenas fuéramos conscientes, las motos reinaron en nuestra infancia como verdaderos miembros de la familia. Eran máquinas que contagiaban su magia en silencio y cuyo poder de conexión fue abriendo el camino de las ilusiones para las juventudes de distintas épocas.

Llegaron por necesidad, por trabajo, para aliviar las cargas familiares y, más adelante, por el simple placer de conducirlas. Aunque ese disfrute pleno tardaría todavía algunos años en consolidarse, hasta alcanzar el umbral del cambio de siglo.


martes, julio 14, 2026

NÉSTOR CABALLERO, MENTOR CON ESENCIA DE MAESTRO

 

Hay personas con las que hablar cuatro horas seguidas, sin pausa, sin parar, es un placer solo reservado a los sibaritas de las historias del motociclismo. Néstor Caballero Pirez puede que no les diga mucho, pero, si detallamos su antecedente motorístico, como mecánico y apasionado de las motos, podemos interpretar que estamos ante un grande del conocimiento y de la evolución de las grandes marcas. Aunque quizás su broche de oro pudiera estar en haber sido privilegiado alumno de Juan Artigas Rosich y, posteriormente, mentor de nuevos profesionales.

Su naturaleza sencilla y humilde no hizo valer el pasaporte que, en su momento, pudiera haberle dado su padre, don Rafael Caballero, comercial de José Juan Abou, quien recibió la solicitud de encontrar un mecánico de Ducati para el desarrollo de la nueva marca en Canarias. Así llegó Juan Artigas desde Mototran Barcelona, para impulsar la expansión de Ducati en las islas, como complemento de las motocicletas dentro del amplio abanico de automóviles que representaban.



Esas casualidades y conexiones del destino llevaron primero a Néstor a foguearse en el aprendizaje del oficio. Se inició en el taller de Manolo el Chirringa, en Salto del Negro, tomando soltura en lo que siempre había sido su sueño: las motos. Más tarde, por esas extrañas casualidades de la vida, acabó como aprendiz en el taller de Juan Artigas. Allí comenzó su verdadera formación y su particular filosofía para entender las motocicletas y sus entresijos mecánicos.

lunes, junio 22, 2026

EL ROBO DE LA BRIO 81

 


Telde tiene en su haber un gran inventario de motoristas. De hecho, sorprendentemente, en los registros de Tráfico saltó hace pocos años la noticia de que era uno de los municipios de España con más motos registradas en los censos de la jefatura de entonces.

En el movimiento laboral de antaño, la primera necesidad era el transporte para acudir a los curros, y la moto fue la solución inmediata y viable para toda aquella revolución industrial y social que se estaba fraguando. Esta explicación viene a cuento porque, allá donde abundan los motoristas, suceden historias. Y nuestra magua es no poder descubrirlas a la velocidad que nos gustaría. Por ello invertimos imaginación narrativa y crónica de tiempos pasados.

Anastasio Guerra compró una Montesa Brío 81 a mediados de los años sesenta. Era el rey de la carretera y de La Peña. A buen seguro, las tertulias y las salidas giraban en torno a las bondades de aquella máquina, adquirida en Viuda de Peñate, en la capital.

Debemos recordar que la Brío 81 tenía una particularidad y notoriedad manifiesta: lucía dos salidas de escape ancladas a un mismo cilindro. Aquel ingenio le daba una potencia y elasticidad de motor que la hacía noble de comportamiento y muy deseada por la juventud.

Su salida al mercado, en el año 1958, causó gran sensación y una destacada demanda. Mi tío Domingo Fleitas compró una de aquellas joyas de entonces y aún la conserva, después de sesenta años, en su garaje.

—Yo recuerdo bajar por la casa de Los Lagartos, por El Palmital, yendo temprano a trabajar a Telde. Iba recogiendo gente por la carretera. Iba con dos pasajeros y, si veía a otro caminante, paraba, me echaba hacia delante en el sillón y le decía: “Súbase por ahí, que llegamos todos”.

Y hasta cuatro jóvenes llegaron a ir una vez en la moto, aunque tres pasajeros era lo mínimo.

Volviendo a las vicisitudes de Anastasio, en mala hora le robaron su moto en la puerta de la casa, de noche. Él trabajaba con Miguel León y bajaban todos los días a Tirajana y a los pagos del sur, en pleno nacimiento del turismo, con la rasquera de no saber nunca dónde fue a parar la moto.

A los pocos días, vio de lejos una moto aparcada en una zona deshabitada de aquellos barrancos sureños y le comentó a Miguel:

—Coño… ¿a ver si va a ser la moto que me robaron la semana pasada?

Miguel, más absorto en sus problemas laborales que en la moto, le quitó importancia:

—¿Cómo va a estar tu moto aquí abajo, en el sur, si te la robaron en Telde? Eso será de algún ranchero o pocero que anda por ahí.

Y pasaron dos días más viendo la moto aparcada en el mismo lugar, siempre comentando la duda. Entonces la curiosidad y el deseo acabaron por intimidar a Miguel, que tomó el desvío para verificar la certeza.

Y efectivamente. Era la moto de Anastasio.

Después de robarla, la habían dejado abandonada en aquellos andurriales, quizá por miedo a las represalias. Y es que, en los tiempos de antes, no se robaban las motos para revenderlas por piezas desguazadas. La mayoría de los hurtos eran por necesidad de moverse o por la maldad del intento, pero no había terceras intenciones, ya que el brazo de la ley era muy duro.

Entonces, después de usarla durante algunas horas, la dejaban abandonada como acto de arrepentimiento.

SAN MIGUEL VUELVE A RUGIR EN LA RAMPA

 

Parece que el regreso de las subidas en cuesta para motos, comienza a sonar a escaparate perfecto ante la necesidad de circuitos. En el caso de la provincia de Tenerife esta demanda tan acuciada rompió el hechizo de una leyenda negra y tras la iniciativa de Barlovento, a seleccionar el mejor trazado para un nuevo espectáculo, se constató que es posible mantener una serie de pruebas con buen rigor organizativo.

La última subida a San Miguel de Abona, se celebró hace más de 40 años cuando el olvido y la mala suerte dejaron una sentencia en un mal día y la desaparición de un ídolo de las carreras de Tenerife. Oscar Gonzalez. Aquella herida selló muchos años de sequía en carreras de asfalto y la imperativa necesidad ante la nula respuesta a la lucha por un circuito. Que se hace derogar, rompe la lanza para recupera. Si bien es cierto que se hicieron varios intentos de tres pruebas posteriores, compartiendo con los coches en aquellos famosos años ochenta de revolución velocista.

miércoles, junio 17, 2026

YA ESTA AQUI... Las Historias de Viejas Glorias

Bueno chicos una buena noticia, ya tenemos criatura, ha salido potente y sabedor. Un sueño hecho realidad que pronto presentaremos, y que ya estámos subiendo a muchas plataformas de internet para el mundo entero. Tapas duras, 240 páginas de maravillosas historias de Viejas Glorias que muchos de ustedes han protagonizado tambien. Un repaso histórico a las leyendas y cuentos del motociclismo de Canarias y a las vivencias del evento anual en el que participan activamente. Era una deuda histórica y pronto estará en sus manos, para recordar y mantener vivo el espiritu del motociclismo de Canarias. Esperamos poder presentarlo pronto, arrancando el verano , para saborear en el relax del tiempo libre.  Síguenos, te mantendremos informados.

 

LA PRIMERA GRÚA MOTORIZADA


Tomás, el barbero de las Cuatro Esquinas de Telde, lleva en aquel rincón de León y Castillo desde el año 1976, cuando decidió montar su peluquería, actualizada y moderna para la época. Recuerda, con esa sabiduría tranquila de tertuliano, la vida de medio Telde y de sus aledaños. Es hermano de Colacho, de Marzagán, y tiene sus nacientes allá, en aquellos pagos de parrales y arenilla del volcán.

Yo lo conocía y lo visitaba desde entonces, por esas lealtades que uno les toma a las personas. A finales de los ochenta, con el cambio laboral, dejé de visitarlo, y recuperé esta sintonía en la actualidad, treinta años después. Y como la vida sigue igual, solo que ahora uno conlleva —o arrastra— la filosofía de su propia experiencia, reconozco que quedan pocos lugares de tertulia sosegada y agradable, donde la gente respeta los turnos de palabra y todos escuchan y participan.

Pepe Monzón Jr., que trabajaba cerca, me dijo un día que Tomás había corrido en las últimas subidas en cuesta de Tafira con una Garelli, y que había contactado con él para documentar el libro de la historia del motociclismo en Canarias. Pero no conservaba ninguna foto ni documentos acreditativos; todo aquello le había desaparecido con el paso de la vida. Me quedé con la magua de saber más, y por ello decidí volver al pasado y reconectar con el amigo Tomás, para que me hablara de aquella época. Créanme: estas charlas de barbero y cliente tienen un valor exquisito de transmisión y reconocimiento.

Son tantas las cosas de las que hablamos en la barbería que solo puedo aplicar mi tertulia motera cuando pillo el sillón del barbero. Y si la mañana arrejunde y la charla acompaña, resucitamos perlas del pasado que merecen ser traídas al rincón de Viejas Glorias.

Ya me había puesto al día sobre su participación en las últimas subidas de Tafira. Tenía una Garelli que andaba lo que no estaba escrito y, con ella y con la osadía propia de la juventud, probó las carreras. También se dejó aconsejar por la suerte de la salvación tras las galletas de rigor.

Me habló de un tal Pedro “el Loco”, que tenía una Rovena y era el terror de la zona, de la periferia y de las salidas en grupo.

—Creo que ese muchacho murió hace muchos años —decía Tomás—. Pero se le escuchaba de lejos. Hasta los perros armaban un jaleo de ladridos cuando pasaba por los andurriales de Los Hoyos.

En otra ocasión organizaron una excursión al Parador de Tejeda, a finales de los años sesenta. Era una moda subir a San Mateo y a la cumbre. Las carreteras se llenaban de pandillas motoristas que disfrutaban del día libre y de aquellas excursiones en moto, cuando la isla todavía se recorría con más ilusión que prisa.

A un tal Antonio “el Rasquilla” se le gripó la moto Ducson pasando la Casa de la Cal, arriba, cerca de Las Rosas, en Las Lagunetas. Allí paró el grupo para intentar solucionar el problema. El percance, después de un rato de indagaciones, venía a ser un trancón de motor por falta de engrase en la mezcla. Había repostado en San Mateo y se olvidó de meterle aceite al tanque. La calentura acabó con un gripaje de campeonato.

Ya sabemos que en aquellos años no había grúas ni furgones de alquiler. Así que, ni corto ni perezoso, con la Vespa del primo Ustaquio, improvisaron.

Colocaron la moto atrás, en el portaequipajes, como una maleta grande horizontal. La amarraron con un cabestro y, para rematar el soporte, se subió el Rasquilla al revés, abrazado a la moto, y le dijo:

—Tira despacio, que esta llega a Telde, si Dios quiere.

Y haciendo paradas de recuperación por el camino bajo de la cumbre, aquella expedición regresó en la primera Vespa-grúa de la historia conocida.

lunes, mayo 04, 2026

VESPASIÓN DE HIERRO

 


El lejano escenario de la última isla canaria nos llevó en vespas y volandas entre arenas volcánicas, pinares centenarios y una esencia dormida, casi en retirada. Allí, donde las nubes siguen abrazando la tierra, el viejo guardián del alisio —castillo encantado que se levanta sobre el azul intenso del Atlántico— eleva la vida y la empuja a una torre de vértigo.

Paz antigua. De la que no se nombra.

Un pueblo agradecido fue recibiendo, poco a poco, la visita anual del Vespasión. Dieciséis años después de su nacimiento, arribó a sus costas para cerrar el ciclo por las islas, cumpliendo aquello que un día fue solo intención. Vespasión Canarias se hizo grande, con todo lo suyo: aventura, amistad y ese hierro vivido que lo sostiene. Muchos de los asistentes aún no conocían esta perla del Atlántico, y la llamada corrió de boca en boca hasta agotar las plazas, dejando a más de uno fuera, con la magua contenida.

La Plaza de la Concepción, en Valverde, esta vez sin tambores ni bimbaches, se fue llenando de mezcla de dos tiempos, de memorias cruzadas, como un sahumerio antiguo que ni el párroco recuerda en las fiestas grandes del catolicismo isleño. Allí, vesperos de todas las islas regalaban sonrisas y abrazos. El ayuntamiento estuvo al quite, echando una mano en todo; y su alcalde, Carlos Brito, agradeció la visita con ese brillo de quien también vivió la vespa en su tiempo