domingo, marzo 08, 2026

Guardianes del Patrimonio


Ayer se celebró la jornada de puertas abiertas en las instalaciones del Museo de Vehículos Antiguos de Las Palmas. Fue una mañana festiva donde la alegría colectiva viajaba en la expresión de las miradas y el ardor de la camaradería congratulaba el encuentro. Nos acercamos a compartir esas pasiones que se desgranan solo para los sibaritas del recuerdo y del cultivo del metal de la historia.

Un racimo constante de gente admiraba tantas cosas que nos unieron y que hoy permanecen impolutas, a salvo en el garaje de los sueños. En la entrada del recinto, la pequeña algarabía de feria de antigüedades entretenía a una afición venida a más, buscando razones para seguir aumentando la nómina de las pasiones y de las viejas glorias.

Antonio Sosa era un hombre feliz. Compartía información del recinto y de los coches expuestos, mientras recibía el calor y los saludos agradecidos de mucha gente. Su trabajo no ha caído en saco roto: su compromiso es un pasaporte de pasiones, historias y trabajo. Charlé un rato con él y capté la pasión de una vida llena de virtud con los hierros. Pero, a la vez, también el entusiasmo y la necesidad de revitalizar el difícil y esperanzador futuro, sin bajar la guardia, aportando voluntad y la fiel sabiduría de la verdad conservada. 


Charlamos con Tino Marrero, Pepe Morales, Paco Quintana, Orlando, y esa guardia permanente de la protección de las dos ruedas. El Club de Motocicletas Clásicas y Antiguas de Gran Canaria lleva tiempo unido a la causa y al objetivo. Su unión física a la institución de los coches le ha dado una fuerza positiva a su entidad.


Y nuestro historiador más comprometido, José A. Monzón, pletórico y fiel luchador, cerraba el brazo deportivo de la institución: la Escudería Drago y una historia interminable de éxitos y escuela. Tres instituciones históricas reunidas en el Club de Automóviles Antiguos de Las Palmas. Qué hermoso.

El esfuerzo y la ilusión de todos, en la misma dirección, agrandan el camino y fortalecen la convicción de un objetivo común que debería estar más arropado por las instituciones gubernamentales. Las Palmas de Gran Canaria tiene un montón de historia guardada e impoluta. Sus museos, a veces olvidados, deberían estar presentes en la guía cultural y en la memoria activa de los mandatarios políticos, y no quedar solo como actividad particular de un club que se desgasta para mantener e invertir en un patrimonio que es de todos.

Tiene que ser un punto de referencia e inyección de continuidad, para esa nueva historia ordenada en la que se han congratulado los clubes y personas de buena fe en conservar y salvar.

Hilario Gómez estaba tan alegre que me dio un efusivo saludo, y le correspondí con el comentario agradecido de la Subida a Juncalillo, cuyos titulares más satíricos y espontáneos fueron:
“Se pasaron con el romanticismo de reproducir aquel tiempo”.
Porque, para la fiesta, el escenario fue fiel a la memoria: frío, niebla, viento y una tenebrosa atmósfera que recordaba cuando eran jóvenes y había que luchar contra todos los elementos.

Después de colmar de abrazos y saludos a una legión de amigos felices, nos llevamos esa sintonía de silencio intuitivo, de transmisión generacional, de fortalecimiento de valores y de miradas amplias sin ombliguismos. Con la fuerza de nuestros guardianes del patrimonio, que bien merecen el respeto agradecido por sus esfuerzos.


Algún día, más pronto que tarde, superaremos a esa “pérfida Albión” que manifiesta semanalmente en sus mercadillos tradicionales el lucimiento de la historia del automóvil; que saca de sus garajes el orgullo de sus pasiones para exhibir la alegría de su salvación en la conservación de un patrimonio excepcional.