Reloj suizo de precisión
En
vísperas de la concentración anual de Vespasión Canarias, traemos de
nuevo a escena una de las leyendas menos conocidas —y más fascinantes— del
motociclismo insular: las carreras de Vespa en Canarias.
Fueron
muchos los pioneros que marcaron aquel despertar competitivo en las islas: Rufino
Diepa, Pepe Monzón, Jean Hefti, Manuel del Río, Juan López, Antonio Quevedo,
Julio y Rafael Guisado. Nombres recogidos en la obra de José A. Monzón,
Motociclismo en Canarias (1954–1967), y a los que pronto se sumaría la
eterna rivalidad, conocedora de las fórmulas, con Lambretta.
El
cónsul suizo que marcó el tiempo
Entre
todos ellos destacó una figura singular: André Jean Hefti, el cónsul
suizo que llevó la precisión del cronómetro al corazón de las competiciones
canarias. Convertido en leyenda de los rallyes de regularidad, ganó tres
ediciones consecutivas del Rallye Gran Canaria (1956, 1957 y 1958).
Lo
curioso es que su inscripción en el Rallye de 1956 tuvo un propósito casi
comercial: probar y dar a conocer sus máquinas, una Vespa Sport 125.
Sin embargo, aquella prueba se convirtió en una exhibición de exactitud
milimétrica. Hefti comenzó a batir registros con una pulcritud que dejó
boquiabiertos a sus rivales. Aquella hegemonía innata lo catapultó, poco
después, a liderar la distribución local de Vespa.
Vespa,
trabajo, familia y competición
La primera excursión oficial de Vespas en Gran Canaria se organizó en 1960 bajo la tutela de la histórica Casa Vespa de Las Palmas, germen del Vespa Club Gran Canaria. Las ventas se habían disparado gracias a la fiabilidad, maniobrabilidad y versatilidad de un vehículo que servía lo mismo para el trabajo que para la familia o el ocio.
El
concesionario oficial, situado en León y Castillo, estuvo dirigido por
el propio André Jean Hefti, quien aún tuvo tiempo de medirse en la Subida
a Tafira. No ganó, pero subió al tercer escalón del podio de su
categoría, dejando un mensaje claro: con las Vespas había que contar.
Tras
ese momento, su leyenda se retiró discretamente de la competición, dejando
huellas imborrables en la historia del motociclismo canario.
Las
reinas de los años sesenta
Las Vespa 125 Sport y 150 S se convirtieron en las auténticas reinas de los años sesenta. Aquella década fue un tiempo de despertar industrial y transformación social. Las fábricas crecían, la España obrera se reconstruía y la Vespa, con su carácter latino y su ingenio práctico, ayudó a reconectar al país consigo mismo.
Trabajo,
familia, deporte y utilidad se reunían en una sola máquina.
El
héroe del silencio
La
mayor lección histórica que dejó el cónsul suizo fue su retirada a tiempo.
Especialista en rallyes de regularidad, pareció aplicar a rajatabla la
sentencia de Julio César: Veni, vidi, vinci. Llegó, vio… y supo
marcharse.
Tras
su tercer puesto en la Subida a Tafira de 1961, su figura quedó envuelta en un
silencio elegante. Hoy, su recuerdo permanece como el de un héroe discreto,
una leyenda silenciosa de la historia de Vespa en Canarias.

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