viernes, enero 30, 2026

VESPA EN LAS CARRERAS CANARIAS

 

Reloj suizo de precisión

En vísperas de la concentración anual de Vespasión Canarias, traemos de nuevo a escena una de las leyendas menos conocidas —y más fascinantes— del motociclismo insular: las carreras de Vespa en Canarias.

Fueron muchos los pioneros que marcaron aquel despertar competitivo en las islas: Rufino Diepa, Pepe Monzón, Jean Hefti, Manuel del Río, Juan López, Antonio Quevedo, Julio y Rafael Guisado. Nombres recogidos en la obra de José A. Monzón, Motociclismo en Canarias (1954–1967), y a los que pronto se sumaría la eterna rivalidad, conocedora de las fórmulas, con Lambretta.

El cónsul suizo que marcó el tiempo

Entre todos ellos destacó una figura singular: André Jean Hefti, el cónsul suizo que llevó la precisión del cronómetro al corazón de las competiciones canarias. Convertido en leyenda de los rallyes de regularidad, ganó tres ediciones consecutivas del Rallye Gran Canaria (1956, 1957 y 1958).

Lo curioso es que su inscripción en el Rallye de 1956 tuvo un propósito casi comercial: probar y dar a conocer sus máquinas, una Vespa Sport 125. Sin embargo, aquella prueba se convirtió en una exhibición de exactitud milimétrica. Hefti comenzó a batir registros con una pulcritud que dejó boquiabiertos a sus rivales. Aquella hegemonía innata lo catapultó, poco después, a liderar la distribución local de Vespa.

Vespa, trabajo, familia y competición


La primera excursión oficial de Vespas en Gran Canaria se organizó en 1960 bajo la tutela de la histórica Casa Vespa de Las Palmas, germen del Vespa Club Gran Canaria. Las ventas se habían disparado gracias a la fiabilidad, maniobrabilidad y versatilidad de un vehículo que servía lo mismo para el trabajo que para la familia o el ocio.

El concesionario oficial, situado en León y Castillo, estuvo dirigido por el propio André Jean Hefti, quien aún tuvo tiempo de medirse en la Subida a Tafira. No ganó, pero subió al tercer escalón del podio de su categoría, dejando un mensaje claro: con las Vespas había que contar.

Tras ese momento, su leyenda se retiró discretamente de la competición, dejando huellas imborrables en la historia del motociclismo canario.

Las reinas de los años sesenta

Las Vespa 125 Sport y 150 S se convirtieron en las auténticas reinas de los años sesenta. Aquella década fue un tiempo de despertar industrial y transformación social. Las fábricas crecían, la España obrera se reconstruía y la Vespa, con su carácter latino y su ingenio práctico, ayudó a reconectar al país consigo mismo.

Trabajo, familia, deporte y utilidad se reunían en una sola máquina.

El héroe del silencio

La mayor lección histórica que dejó el cónsul suizo fue su retirada a tiempo. Especialista en rallyes de regularidad, pareció aplicar a rajatabla la sentencia de Julio César: Veni, vidi, vinci. Llegó, vio… y supo marcharse.

Tras su tercer puesto en la Subida a Tafira de 1961, su figura quedó envuelta en un silencio elegante. Hoy, su recuerdo permanece como el de un héroe discreto, una leyenda silenciosa de la historia de Vespa en Canarias.

 


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