Cada año
resulta más fácil entender por qué Barlovento
se está ganando un lugar propio dentro de las subidas en cuesta del
motociclismo canario. Su rampa parece diseñada para las motos:
montaña, buen asfalto, amplitud, dos y tres carriles bien definidos y un
trazado rápido y atractivo que permite a pilotos y máquinas disfrutar de unas
sensaciones especiales en este final del verano.
La carretera se
convierte durante unas horas en un auténtico circuito abierto en la montaña,
con curvas, desniveles y zonas rápidas que reúnen buena parte de los
ingredientes necesarios para una gran prueba. Y cuando el escenario acompaña,
también crece el espectáculo.
Ya son tres años
consecutivos en los que el equipo de Rayco
y RR Eventos viene cuidando esta cita con la intención de elevarla
hasta convertirse en una referencia dentro de Canarias. A la competición se han
ido sumando nuevos alicientes, como la presencia de pilotos foráneos y nombres
vinculados al Road Racing,
además de unas parrillas que poco a poco van enriqueciendo la jornada.
El paddock
instalado en el pueblo completa esa atmósfera especial. Allí las motos, los
equipos y los aficionados comparten espacio y convierten la carrera en algo más
cercano, permitiendo que Barlovento no sea solamente el lugar por donde pasa la
competición, sino parte activa de la fiesta.
Y en ese ambiente
volvieron a tener protagonismo las motos
clásicas.
El equipo de Viejas Glorias, con Coke Gómez y Germán
González, y Luis Naranjo como jefe de equipo, volvió a vestir el box con esa
estampa romántica que solamente las motos de época saben ofrecer. Sus motores,
su sonido y la personalidad de aquellas máquinas europeas aportaron un sabor
distinto a la jornada.
Sería magnífico que
en próximas ediciones fueran sumándose más amigos de las clásicas hasta
conseguir una manga cada vez más numerosa. Barlovento tiene escenario, ambiente
y público para ello. Todo se andará.
Mientras tanto, el
paisaje hacía también su carrera particular.
La amplia vega de
plataneras, escalonada entre terrazas y bancales, las pequeñas casas blancas
repartidas por las laderas y el verde intenso de esta parte de La Palma
envolvían una jornada diferente. Sobre ese paisaje sonaba durante todo el
sábado la melodía de los motores, con participación llegada desde distintas
islas y un pueblo que poco a poco va acostumbrándose al particular lenguaje de
las subidas en cuesta.
Barlovento empieza
a tener sabor a carreras de motos.
Y esa identidad
merece seguir creciendo.
Quizá el siguiente
paso sea complementar la competición con una pequeña feria de motos clásicas,
exposiciones y otros contenidos culturales relacionados con la historia del
motociclismo. Una fiesta que permita al público permanecer más tiempo en el
municipio y que convierta el fin de semana en un verdadero encuentro del motor.
Desde Viejas Glorias ya se tira del carro en
esa dirección, ofreciendo las motos clásicas como escaparate de una historia
que merece seguir acompañando a la competición moderna.
Porque Barlovento
tiene algo difícil de fabricar: un
escenario que funciona, una carretera que enamora a los pilotos y un paisaje
que convierte la carrera en espectáculo.
Ahora solamente
queda seguir cuidándolo.
Y dejar que, año tras año, el ronquido de las motos
continúe subiendo montaña arriba.