Sonaba “Sol caliente”, de Collage, en La radio al sol, programa estrella de Radio ECCA. También “Échame a mí la culpa”, de Albert Hammond, o el ya trillado “Para que no me olvides”, de Lorenzo Santamaría. Aquel pop romántico de los setenta que casó a buena parte de la España obrera del despertar, en los últimos suspiros del régimen y mucho antes de que los divorcios entraran a formar parte de nuestra normalidad.
Aquella
revolución musical puso también de moda Las noches de Ronda, con sus canciones
dedicadas, y nos mantenía anclados a la radio, aquel aparato que entonces era
ventana abierta al mundo, compañía de las casas y mensajero de todo lo que
ocurría más allá de nuestras pequeñas fronteras.
Recuerdo
descubrir la música pop extranjera, The Beatles, Creedence Clearwater Revival o
Supertramp, allá por los primeros años setenta, mientras le lavaba el coche a
mi tío a cambio de unos duros. Era un Volkswagen Escarabajo 1300, verde
intenso, con unas franjas blancas laterales que le daban un aire moderno, pop y
casi discotequero.
Dentro llevaba aquellas extravagancias que nos parecían venidas directamente del futuro: relojes japoneses, adornos curiosos y cintas de cartucho con los últimos gritos musicales que llegaban de Europa. Ellos habían descubierto aquel pequeño Dorado canario que comenzaba a crecer alrededor de la construcción y del nuevo Sur turístico, donde parecía posible ganar dinero y escapar de una vida que hasta entonces venía marcada por el campo, el esfuerzo y unas posibilidades bastante estrechas.

