lunes, junio 22, 2026

EL ROBO DE LA BRIO 81

 


Telde tiene en su haber un gran inventario de motoristas. De hecho, sorprendentemente, en los registros de Tráfico saltó hace pocos años la noticia de que era uno de los municipios de España con más motos registradas en los censos de la jefatura de entonces.

En el movimiento laboral de antaño, la primera necesidad era el transporte para acudir a los curros, y la moto fue la solución inmediata y viable para toda aquella revolución industrial y social que se estaba fraguando. Esta explicación viene a cuento porque, allá donde abundan los motoristas, suceden historias. Y nuestra magua es no poder descubrirlas a la velocidad que nos gustaría. Por ello invertimos imaginación narrativa y crónica de tiempos pasados.

Anastasio Guerra compró una Montesa Brío 81 a mediados de los años sesenta. Era el rey de la carretera y de La Peña. A buen seguro, las tertulias y las salidas giraban en torno a las bondades de aquella máquina, adquirida en Viuda de Peñate, en la capital.

Debemos recordar que la Brío 81 tenía una particularidad y notoriedad manifiesta: lucía dos salidas de escape ancladas a un mismo cilindro. Aquel ingenio le daba una potencia y elasticidad de motor que la hacía noble de comportamiento y muy deseada por la juventud.

Su salida al mercado, en el año 1958, causó gran sensación y una destacada demanda. Mi tío Domingo Fleitas compró una de aquellas joyas de entonces y aún la conserva, después de sesenta años, en su garaje.

—Yo recuerdo bajar por la casa de Los Lagartos, por El Palmital, yendo temprano a trabajar a Telde. Iba recogiendo gente por la carretera. Iba con dos pasajeros y, si veía a otro caminante, paraba, me echaba hacia delante en el sillón y le decía: “Súbase por ahí, que llegamos todos”.

Y hasta cuatro jóvenes llegaron a ir una vez en la moto, aunque tres pasajeros era lo mínimo.

Volviendo a las vicisitudes de Anastasio, en mala hora le robaron su moto en la puerta de la casa, de noche. Él trabajaba con Miguel León y bajaban todos los días a Tirajana y a los pagos del sur, en pleno nacimiento del turismo, con la rasquera de no saber nunca dónde fue a parar la moto.

A los pocos días, vio de lejos una moto aparcada en una zona deshabitada de aquellos barrancos sureños y le comentó a Miguel:

—Coño… ¿a ver si va a ser la moto que me robaron la semana pasada?

Miguel, más absorto en sus problemas laborales que en la moto, le quitó importancia:

—¿Cómo va a estar tu moto aquí abajo, en el sur, si te la robaron en Telde? Eso será de algún ranchero o pocero que anda por ahí.

Y pasaron dos días más viendo la moto aparcada en el mismo lugar, siempre comentando la duda. Entonces la curiosidad y el deseo acabaron por intimidar a Miguel, que tomó el desvío para verificar la certeza.

Y efectivamente. Era la moto de Anastasio.

Después de robarla, la habían dejado abandonada en aquellos andurriales, quizá por miedo a las represalias. Y es que, en los tiempos de antes, no se robaban las motos para revenderlas por piezas desguazadas. La mayoría de los hurtos eran por necesidad de moverse o por la maldad del intento, pero no había terceras intenciones, ya que el brazo de la ley era muy duro.

Entonces, después de usarla durante algunas horas, la dejaban abandonada como acto de arrepentimiento.

SAN MIGUEL VUELVE A RUGIR EN LA RAMPA

 

Parece que el regreso de las subidas en cuesta para motos, comienza a sonar a escaparate perfecto ante la necesidad de circuitos. En el caso de la provincia de Tenerife esta demanda tan acuciada rompió el hechizo de una leyenda negra y tras la iniciativa de Barlovento, a seleccionar el mejor trazado para un nuevo espectáculo, se constató que es posible mantener una serie de pruebas con buen rigor organizativo.

La última subida a San Miguel de Abona, se celebró hace más de 40 años cuando el olvido y la mala suerte dejaron una sentencia en un mal día y la desaparición de un ídolo de las carreras de Tenerife. Oscar Gonzalez. Aquella herida selló muchos años de sequía en carreras de asfalto y la imperativa necesidad ante la nula respuesta a la lucha por un circuito. Que se hace derogar, rompe la lanza para recupera. Si bien es cierto que se hicieron varios intentos de tres pruebas posteriores, compartiendo con los coches en aquellos famosos años ochenta de revolución velocista.

miércoles, junio 17, 2026

YA ESTA AQUI... Las Historias de Viejas Glorias

Bueno chicos una buena noticia, ya tenemos criatura, ha salido potente y sabedor. Un sueño hecho realidad que pronto presentaremos, y que ya estámos subiendo a muchas plataformas de internet para el mundo entero. Tapas duras, 240 páginas de maravillosas historias de Viejas Glorias que muchos de ustedes han protagonizado tambien. Un repaso histórico a las leyendas y cuentos del motociclismo de Canarias y a las vivencias del evento anual en el que participan activamente. Era una deuda histórica y pronto estará en sus manos, para recordar y mantener vivo el espiritu del motociclismo de Canarias. Esperamos poder presentarlo pronto, arrancando el verano , para saborear en el relax del tiempo libre.  Síguenos, te mantendremos informados.

 

LA PRIMERA GRÚA MOTORIZADA


Tomás, el barbero de las Cuatro Esquinas de Telde, lleva en aquel rincón de León y Castillo desde el año 1976, cuando decidió montar su peluquería, actualizada y moderna para la época. Recuerda, con esa sabiduría tranquila de tertuliano, la vida de medio Telde y de sus aledaños. Es hermano de Colacho, de Marzagán, y tiene sus nacientes allá, en aquellos pagos de parrales y arenilla del volcán.

Yo lo conocía y lo visitaba desde entonces, por esas lealtades que uno les toma a las personas. A finales de los ochenta, con el cambio laboral, dejé de visitarlo, y recuperé esta sintonía en la actualidad, treinta años después. Y como la vida sigue igual, solo que ahora uno conlleva —o arrastra— la filosofía de su propia experiencia, reconozco que quedan pocos lugares de tertulia sosegada y agradable, donde la gente respeta los turnos de palabra y todos escuchan y participan.

Pepe Monzón Jr., que trabajaba cerca, me dijo un día que Tomás había corrido en las últimas subidas en cuesta de Tafira con una Garelli, y que había contactado con él para documentar el libro de la historia del motociclismo en Canarias. Pero no conservaba ninguna foto ni documentos acreditativos; todo aquello le había desaparecido con el paso de la vida. Me quedé con la magua de saber más, y por ello decidí volver al pasado y reconectar con el amigo Tomás, para que me hablara de aquella época. Créanme: estas charlas de barbero y cliente tienen un valor exquisito de transmisión y reconocimiento.

Son tantas las cosas de las que hablamos en la barbería que solo puedo aplicar mi tertulia motera cuando pillo el sillón del barbero. Y si la mañana arrejunde y la charla acompaña, resucitamos perlas del pasado que merecen ser traídas al rincón de Viejas Glorias.

Ya me había puesto al día sobre su participación en las últimas subidas de Tafira. Tenía una Garelli que andaba lo que no estaba escrito y, con ella y con la osadía propia de la juventud, probó las carreras. También se dejó aconsejar por la suerte de la salvación tras las galletas de rigor.

Me habló de un tal Pedro “el Loco”, que tenía una Rovena y era el terror de la zona, de la periferia y de las salidas en grupo.

—Creo que ese muchacho murió hace muchos años —decía Tomás—. Pero se le escuchaba de lejos. Hasta los perros armaban un jaleo de ladridos cuando pasaba por los andurriales de Los Hoyos.

En otra ocasión organizaron una excursión al Parador de Tejeda, a finales de los años sesenta. Era una moda subir a San Mateo y a la cumbre. Las carreteras se llenaban de pandillas motoristas que disfrutaban del día libre y de aquellas excursiones en moto, cuando la isla todavía se recorría con más ilusión que prisa.

A un tal Antonio “el Rasquilla” se le gripó la moto Ducson pasando la Casa de la Cal, arriba, cerca de Las Rosas, en Las Lagunetas. Allí paró el grupo para intentar solucionar el problema. El percance, después de un rato de indagaciones, venía a ser un trancón de motor por falta de engrase en la mezcla. Había repostado en San Mateo y se olvidó de meterle aceite al tanque. La calentura acabó con un gripaje de campeonato.

Ya sabemos que en aquellos años no había grúas ni furgones de alquiler. Así que, ni corto ni perezoso, con la Vespa del primo Ustaquio, improvisaron.

Colocaron la moto atrás, en el portaequipajes, como una maleta grande horizontal. La amarraron con un cabestro y, para rematar el soporte, se subió el Rasquilla al revés, abrazado a la moto, y le dijo:

—Tira despacio, que esta llega a Telde, si Dios quiere.

Y haciendo paradas de recuperación por el camino bajo de la cumbre, aquella expedición regresó en la primera Vespa-grúa de la historia conocida.