sábado, octubre 10, 2026

COLOMBRES VOLVIÓ A ABRAZAR A LAS VIEJAS GLORIAS CANARIAS


 Hay viajes que empiezan mucho antes de arrancar una moto. Comienzan en la ilusión de preparar las máquinas, en ese cosquilleo que despierta volver a un escenario conocido y en la necesidad casi juvenil de comprobar que todavía quedan carreteras donde las viejas mecánicas puedan contar sus historias a golpe de acelerador.

La IV Subida Unquera-Colombres, celebrada este 10 de octubre, volvió a convertirse en uno de esos lugares donde el motociclismo clásico encuentra acomodo, paisaje y pasión. Asturias sabe vestir bien estas cosas. El verde profundo, las carreteras estrechas, las casas indianas y ese otoño norteño que comienza a refrescar los colores arropan una competición donde el verdadero espectáculo está también en contemplar las motos, escuchar sus motores y descubrir cuánto cariño existe detrás de cada máquina.

Por segundo año consecutivo, el Moto Club Las Palmas Roque Nublo llevó hasta allí una pequeña representación de Viejas Glorias Canarias. Esta vez con Jorge “Coke” Gómez Benítez, sobre una Ducati 900 SS, y Germán González Saavedra, encargado de exprimir el nervio de una Yamaha RD350 del equipo Tito Inza.

Dos motos completamente distintas.

El ronquido grave y rotundo de la Ducati frente al chillido rabioso del dos tiempos japonés. Dos escuelas, dos maneras de entender la velocidad y una misma intención: que las motos clásicas no terminen condenadas a permanecer quietas en un garaje.

Y esta vez Coke venía especialmente enchufado.

Apenas unos días antes había estado peleándose con piedras, barro y escalones en el Trial de Clásicas de Robregordo, sobre su Honda RTL 250 Réplica Lejeune. De las botas de trial al cuero de velocidad, del equilibrio pausado entre piedras húmedas al acelerador abierto sobre el asfalto asturiano.

Debe ser que los años enseñan a dosificar las fuerzas, pero no necesariamente las ganas.

La subida fue dejando sus tiempos y también sus sensaciones. Coke comenzó con 1:04.293, mejoró después hasta 1:03.985 y guardó lo mejor para la última manga, donde paró el cronómetro en 1:02.398. Aquella progresión lo llevó al tercer puesto de la categoría Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… Además, en la clasificación general absoluta terminó en una meritoria decimosexta posición. Subida Unquera Colombres - Podi…

Un podio que tiene sabor especial cuando se alcanza lejos de casa, después de cruzar media geografía y presentar una motocicleta clásica ante aficionados que también entienden cuánto trabajo hay detrás de mantenerla competitiva.

Germán siguió una partitura parecida.

La Yamaha RD350 comenzó marcando 1:11.627, después rebajó hasta 1:11.250 y también encontró su mejor registro en la última subida, con un 1:09.037 que lo colocó séptimo en Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… En la general ocupó la cuadragésima posición. Subida Unquera Colombres - Podi…

Y ahí apareció una de esas pequeñas coincidencias que gustan al cronista: los dos pilotos canarios hicieron su mejor tiempo precisamente en la última manga.

Cuando la carretera ya había descubierto sus secretos.

Cuando los nervios primeros se habían marchado.

Cuando piloto y máquina comenzaban a hablar el mismo idioma.

La última subida puso orden a las sensaciones. Coke encontró el podio y Germán consiguió sacar de la Yamaha su mejor expresión justo cuando comenzaba a caer el telón deportivo de Colombres.

Pero estas aventuras tienen también otra clasificación que nunca aparece en las hojas de cronometraje.

La de los encuentros.

Y allí apareció nuestro querido Canito Bultó, del Bultaco Sport Clasicc, con su Bultaco TSS Pata negra, viejo amigo y fiel seguidor de Viejas Glorias Canarias. Campeonísimo de la Copa América de Clásicas y uno de esos personajes que llevan el motociclismo antiguo pegado a la piel, el encuentro volvió a demostrar que las carreras clásicas tienen algo especial: uno puede llegar desde Canarias, Cataluña, Asturias o cualquier otro rincón y, cuando aparecen las motos, las distancias se acortan inmediatamente.

Abrazos, recuerdos, batallitas. Preguntas por amigos comunes.

Y ese idioma universal de las carreras donde bastan dos nombres de motos para mantener una conversación durante media tarde.

Canito representa además ese vínculo extraordinario entre generaciones y territorios que Viejas Glorias ha cultivado durante tantos años. Personas que llegan a nuestras islas, comparten actividades, regresan a la Península y continúan formando parte de una familia que no entiende demasiado de fronteras cuando hay gasolina y recuerdos de por medio.

La organización de la subida tuvo también un gesto que nos llenó especialmente de orgullo.

Al finalizar la jornada quiso reconocer al Moto Club Las Palmas Roque Nublo con una placa por acudir, por segundo año consecutivo, desde Canarias para participar en la prueba.

Puede parecer un pequeño detalle.

Pero quienes organizamos eventos sabemos perfectamente cuánto dicen estos gestos.

Porque detrás de dos motos en una línea de salida existen billetes, transportes, preparaciones, herramientas, noches de garaje, llamadas, permisos, desplazamientos y, sobre todo, muchas ganas de representar fuera de las islas una manera de entender nuestra cultura motociclista.

Aquella placa no premiaba solamente un resultado.

Premiaba la presencia. La continuidad, y el esfuerzo de volver.

Quizá por eso nos supo tan bien.

Colombres ha conseguido construir alrededor de las clásicas un ambiente donde el cronómetro importa, claro que importa, pero nunca consigue eclipsar lo fundamental. Allí todavía se habla con los propietarios, se mira una culata, se pregunta por unos carburadores, se escucha cómo arranca una moto y se reconoce a determinados modelos antes incluso de verlos aparecer.

Eso es patrimonio vivo.

No hace falta encerrar las máquinas detrás de un cordón para proteger su historia. Algunas veces la mejor manera de conservarlas es precisamente escucharlas rugir otra vez.

Coke y Germán lo entendieron perfectamente.

Uno volvió a saborear un podio con la Ducati.

El otro siguió descubriendo el carácter salvaje y divertido de aquella Yamaha RD350 del equipo Tito Inza.

Los dos mejoraron hasta el último intento.

Los dos volvieron a vestir los colores de Viejas Glorias lejos de Canarias.

Y los dos regresan con algo más importante que una clasificación: otra historia que contar.

Mientras recogían las motos y terminaba la jornada, quedaban atrás el verde asturiano, las curvas, el ruido de los escapes y los amigos encontrados por el camino.

Canito Bultó. la organización, la placa del Moto Club. el podio.

Las viejas mecánicas enfriándose después de la última subida.

Y esa sensación maravillosa de comprobar que todavía existen lugares donde envejecer no significa quedarse quieto.

Porque estas Viejas Glorias siguen teniendo gasolina.

Y, por lo que vemos, también mucha carretera por delante.

COLOMBRES VOLVIÓ A ABRAZAR A LAS VIEJAS GLORIAS CANARIAS

Hay viajes que empiezan mucho antes de arrancar una moto. Comienzan en la ilusión de preparar las máquinas, en ese cosquilleo que despierta volver a un escenario conocido y en la necesidad casi juvenil de comprobar que todavía quedan carreteras donde las viejas mecánicas puedan contar sus historias a golpe de acelerador.

La IV Subida Unquera-Colombres, celebrada este 10 de octubre, volvió a convertirse en uno de esos lugares donde el motociclismo clásico encuentra acomodo, paisaje y pasión. Asturias sabe vestir bien estas cosas. El verde profundo, las carreteras estrechas, las casas indianas y ese otoño norteño que comienza a refrescar los colores arropan una competición donde el verdadero espectáculo está también en contemplar las motos, escuchar sus motores y descubrir cuánto cariño existe detrás de cada máquina.

Por segundo año consecutivo, el Moto Club Las Palmas Roque Nublo llevó hasta allí una pequeña representación de Viejas Glorias Canarias. Esta vez con Jorge “Coke” Gómez Benítez, sobre una Ducati 900 SS, y Germán González Saavedra, encargado de exprimir el nervio de una Yamaha RD350 del equipo Tito Inza.

Dos motos completamente distintas.

El ronquido grave y rotundo de la Ducati frente al chillido rabioso del dos tiempos japonés. Dos escuelas, dos maneras de entender la velocidad y una misma intención: que las motos clásicas no terminen condenadas a permanecer quietas en un garaje.

Y esta vez Coke venía especialmente enchufado.

Apenas unos días antes había estado peleándose con piedras, barro y escalones en el Trial de Clásicas de Robregordo, sobre su Honda RTL 250 Réplica Lejeune. De las botas de trial al cuero de velocidad, del equilibrio pausado entre piedras húmedas al acelerador abierto sobre el asfalto asturiano.

Debe ser que los años enseñan a dosificar las fuerzas, pero no necesariamente las ganas.

La subida fue dejando sus tiempos y también sus sensaciones. Coke comenzó con 1:04.293, mejoró después hasta 1:03.985 y guardó lo mejor para la última manga, donde paró el cronómetro en 1:02.398. Aquella progresión lo llevó al tercer puesto de la categoría Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… Además, en la clasificación general absoluta terminó en una meritoria decimosexta posición. Subida Unquera Colombres - Podi…

Un podio que tiene sabor especial cuando se alcanza lejos de casa, después de cruzar media geografía y presentar una motocicleta clásica ante aficionados que también entienden cuánto trabajo hay detrás de mantenerla competitiva.

Germán siguió una partitura parecida.

La Yamaha RD350 comenzó marcando 1:11.627, después rebajó hasta 1:11.250 y también encontró su mejor registro en la última subida, con un 1:09.037 que lo colocó séptimo en Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… En la general ocupó la cuadragésima posición. Subida Unquera Colombres - Podi…

Y ahí apareció una de esas pequeñas coincidencias que gustan al cronista: los dos pilotos canarios hicieron su mejor tiempo precisamente en la última manga.

Cuando la carretera ya había descubierto sus secretos.

Cuando los nervios primeros se habían marchado.

Cuando piloto y máquina comenzaban a hablar el mismo idioma.

La última subida puso orden a las sensaciones. Coke encontró el podio y Germán consiguió sacar de la Yamaha su mejor expresión justo cuando comenzaba a caer el telón deportivo de Colombres.

Pero estas aventuras tienen también otra clasificación que nunca aparece en las hojas de cronometraje.

La de los encuentros.

Y allí apareció nuestro querido Canito Bultó, del Bultaco Sport Clasicc, con su Bultaco TSS Pata negra, viejo amigo y fiel seguidor de Viejas Glorias Canarias. Campeonísimo de la Copa América de Clásicas y uno de esos personajes que llevan el motociclismo antiguo pegado a la piel, el encuentro volvió a demostrar que las carreras clásicas tienen algo especial: uno puede llegar desde Canarias, Cataluña, Asturias o cualquier otro rincón y, cuando aparecen las motos, las distancias se acortan inmediatamente.

Abrazos, recuerdos, batallitas. Preguntas por amigos comunes.

Y ese idioma universal de las carreras donde bastan dos nombres de motos para mantener una conversación durante media tarde.

Canito representa además ese vínculo extraordinario entre generaciones y territorios que Viejas Glorias ha cultivado durante tantos años. Personas que llegan a nuestras islas, comparten actividades, regresan a la Península y continúan formando parte de una familia que no entiende demasiado de fronteras cuando hay gasolina y recuerdos de por medio.

La organización de la subida tuvo también un gesto que nos llenó especialmente de orgullo.

Al finalizar la jornada quiso reconocer al Moto Club Las Palmas Roque Nublo con una placa por acudir, por segundo año consecutivo, desde Canarias para participar en la prueba.

Puede parecer un pequeño detalle.

Pero quienes organizamos eventos sabemos perfectamente cuánto dicen estos gestos.

Porque detrás de dos motos en una línea de salida existen billetes, transportes, preparaciones, herramientas, noches de garaje, llamadas, permisos, desplazamientos y, sobre todo, muchas ganas de representar fuera de las islas una manera de entender nuestra cultura motociclista.

Aquella placa no premiaba solamente un resultado.

Premiaba la presencia. La continuidad, y el esfuerzo de volver.

Quizá por eso nos supo tan bien.

Colombres ha conseguido construir alrededor de las clásicas un ambiente donde el cronómetro importa, claro que importa, pero nunca consigue eclipsar lo fundamental. Allí todavía se habla con los propietarios, se mira una culata, se pregunta por unos carburadores, se escucha cómo arranca una moto y se reconoce a determinados modelos antes incluso de verlos aparecer.

Eso es patrimonio vivo.

No hace falta encerrar las máquinas detrás de un cordón para proteger su historia. Algunas veces la mejor manera de conservarlas es precisamente escucharlas rugir otra vez.

Coke y Germán lo entendieron perfectamente.

Uno volvió a saborear un podio con la Ducati.

El otro siguió descubriendo el carácter salvaje y divertido de aquella Yamaha RD350 del equipo Tito Inza.

Los dos mejoraron hasta el último intento.

Los dos volvieron a vestir los colores de Viejas Glorias lejos de Canarias.

Y los dos regresan con algo más importante que una clasificación: otra historia que contar.

Mientras recogían las motos y terminaba la jornada, quedaban atrás el verde asturiano, las curvas, el ruido de los escapes y los amigos encontrados por el camino.

Canito Bultó. la organización, la placa del Moto Club. el podio.

Las viejas mecánicas enfriándose después de la última subida.

Y esa sensación maravillosa de comprobar que todavía existen lugares donde envejecer no significa quedarse quieto.

Porque estas Viejas Glorias siguen teniendo gasolina.

Y, por lo que vemos, también mucha carretera por delante.

No hay comentarios: