Hay viajes que empiezan mucho antes de arrancar una moto. Comienzan en la ilusión de preparar las máquinas, en ese cosquilleo que despierta volver a un escenario conocido y en la necesidad casi juvenil de comprobar que todavía quedan carreteras donde las viejas mecánicas puedan contar sus historias a golpe de acelerador.
La
IV Subida Unquera-Colombres, celebrada este 10 de octubre, volvió a
convertirse en uno de esos lugares donde el motociclismo clásico encuentra
acomodo, paisaje y pasión. Asturias sabe vestir bien estas cosas. El verde
profundo, las carreteras estrechas, las casas indianas y ese otoño norteño que
comienza a refrescar los colores arropan una competición donde el verdadero
espectáculo está también en contemplar las motos, escuchar sus motores y
descubrir cuánto cariño existe detrás de cada máquina.
Por
segundo año consecutivo, el Moto Club Las Palmas Roque Nublo llevó hasta
allí una pequeña representación de Viejas Glorias Canarias. Esta vez con
Jorge “Coke” Gómez Benítez, sobre una Ducati 900 SS, y Germán
González Saavedra, encargado de exprimir el nervio de una Yamaha RD350 del
equipo Tito Inza.
Dos
motos completamente distintas.
El
ronquido grave y rotundo de la Ducati frente al chillido rabioso del dos
tiempos japonés. Dos escuelas, dos maneras de entender la velocidad y una misma
intención: que las motos clásicas no terminen condenadas a permanecer quietas
en un garaje.
Y
esta vez Coke venía especialmente enchufado.
Apenas
unos días antes había estado peleándose con piedras, barro y escalones en el
Trial de Clásicas de Robregordo, sobre su Honda RTL 250 Réplica Lejeune. De las
botas de trial al cuero de velocidad, del equilibrio pausado entre piedras
húmedas al acelerador abierto sobre el asfalto asturiano.
Debe ser que los años enseñan a dosificar las fuerzas, pero no necesariamente las ganas.
La
subida fue dejando sus tiempos y también sus sensaciones. Coke comenzó con 1:04.293,
mejoró después hasta 1:03.985 y guardó lo mejor para la última manga,
donde paró el cronómetro en 1:02.398. Aquella progresión lo llevó al tercer
puesto de la categoría Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… Además,
en la clasificación general absoluta terminó en una meritoria decimosexta
posición. Subida Unquera Colombres - Podi…
Un
podio que tiene sabor especial cuando se alcanza lejos de casa, después de
cruzar media geografía y presentar una motocicleta clásica ante aficionados que
también entienden cuánto trabajo hay detrás de mantenerla competitiva.
Germán
siguió una partitura parecida.
La
Yamaha RD350 comenzó marcando 1:11.627, después rebajó hasta 1:11.250 y
también encontró su mejor registro en la última subida, con un 1:09.037
que lo colocó séptimo en Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… En la
general ocupó la cuadragésima posición. Subida Unquera Colombres - Podi…
Y
ahí apareció una de esas pequeñas coincidencias que gustan al cronista: los
dos pilotos canarios hicieron su mejor tiempo precisamente en la última manga.
Cuando
la carretera ya había descubierto sus secretos.
Cuando
los nervios primeros se habían marchado.
Cuando
piloto y máquina comenzaban a hablar el mismo idioma.
La
última subida puso orden a las sensaciones. Coke encontró el podio y Germán
consiguió sacar de la Yamaha su mejor expresión justo cuando comenzaba a caer
el telón deportivo de Colombres.
Pero
estas aventuras tienen también otra clasificación que nunca aparece en las
hojas de cronometraje.
La
de los encuentros.
Y
allí apareció nuestro querido Canito Bultó, del Bultaco Sport Clasicc, con
su Bultaco TSS Pata negra, viejo amigo y fiel seguidor de Viejas Glorias
Canarias. Campeonísimo de la Copa América de Clásicas y uno de esos personajes
que llevan el motociclismo antiguo pegado a la piel, el encuentro volvió a
demostrar que las carreras clásicas tienen algo especial: uno puede llegar
desde Canarias, Cataluña, Asturias o cualquier otro rincón y, cuando aparecen
las motos, las distancias se acortan inmediatamente.
Abrazos,
recuerdos, batallitas. Preguntas por amigos comunes.
Y
ese idioma universal de las carreras donde bastan dos nombres de motos para
mantener una conversación durante media tarde.
Canito
representa además ese vínculo extraordinario entre generaciones y territorios
que Viejas Glorias ha cultivado durante tantos años. Personas que llegan a
nuestras islas, comparten actividades, regresan a la Península y continúan
formando parte de una familia que no entiende demasiado de fronteras cuando hay
gasolina y recuerdos de por medio.
La
organización de la subida tuvo también un gesto que nos llenó especialmente de
orgullo.
Al
finalizar la jornada quiso reconocer al Moto Club Las Palmas Roque Nublo
con una placa por acudir, por segundo año consecutivo, desde Canarias para
participar en la prueba.
Puede
parecer un pequeño detalle.
Pero
quienes organizamos eventos sabemos perfectamente cuánto dicen estos gestos.
Porque
detrás de dos motos en una línea de salida existen billetes, transportes,
preparaciones, herramientas, noches de garaje, llamadas, permisos,
desplazamientos y, sobre todo, muchas ganas de representar fuera de las islas
una manera de entender nuestra cultura motociclista.
Aquella
placa no premiaba solamente un resultado.
Premiaba
la presencia. La continuidad, y el esfuerzo de volver.
Quizá
por eso nos supo tan bien.
Colombres
ha conseguido construir alrededor de las clásicas un ambiente donde el
cronómetro importa, claro que importa, pero nunca consigue eclipsar lo
fundamental. Allí todavía se habla con los propietarios, se mira una culata, se
pregunta por unos carburadores, se escucha cómo arranca una moto y se reconoce
a determinados modelos antes incluso de verlos aparecer.
Eso
es patrimonio vivo.
No
hace falta encerrar las máquinas detrás de un cordón para proteger su historia.
Algunas veces la mejor manera de conservarlas es precisamente escucharlas rugir
otra vez.
Coke
y Germán lo entendieron perfectamente.
Uno
volvió a saborear un podio con la Ducati.
El
otro siguió descubriendo el carácter salvaje y divertido de aquella Yamaha
RD350 del equipo Tito Inza.
Los
dos mejoraron hasta el último intento.
Los
dos volvieron a vestir los colores de Viejas Glorias lejos de Canarias.
Y
los dos regresan con algo más importante que una clasificación: otra
historia que contar.
Mientras
recogían las motos y terminaba la jornada, quedaban atrás el verde asturiano,
las curvas, el ruido de los escapes y los amigos encontrados por el camino.
Canito
Bultó. la organización, la placa del Moto Club. el podio.
Las
viejas mecánicas enfriándose después de la última subida.
Y
esa sensación maravillosa de comprobar que todavía existen lugares donde
envejecer no significa quedarse quieto.
Porque
estas Viejas Glorias siguen teniendo gasolina.
Y,
por lo que vemos, también mucha carretera por delante.
COLOMBRES
VOLVIÓ A ABRAZAR A LAS VIEJAS GLORIAS CANARIAS
Hay
viajes que empiezan mucho antes de arrancar una moto. Comienzan en la ilusión
de preparar las máquinas, en ese cosquilleo que despierta volver a un escenario
conocido y en la necesidad casi juvenil de comprobar que todavía quedan
carreteras donde las viejas mecánicas puedan contar sus historias a golpe de
acelerador.
La
IV Subida Unquera-Colombres, celebrada este 10 de octubre, volvió a
convertirse en uno de esos lugares donde el motociclismo clásico encuentra
acomodo, paisaje y pasión. Asturias sabe vestir bien estas cosas. El verde
profundo, las carreteras estrechas, las casas indianas y ese otoño norteño que
comienza a refrescar los colores arropan una competición donde el verdadero
espectáculo está también en contemplar las motos, escuchar sus motores y
descubrir cuánto cariño existe detrás de cada máquina.
Por
segundo año consecutivo, el Moto Club Las Palmas Roque Nublo llevó hasta
allí una pequeña representación de Viejas Glorias Canarias. Esta vez con
Jorge “Coke” Gómez Benítez, sobre una Ducati 900 SS, y Germán
González Saavedra, encargado de exprimir el nervio de una Yamaha RD350 del
equipo Tito Inza.
Dos
motos completamente distintas.
El
ronquido grave y rotundo de la Ducati frente al chillido rabioso del dos
tiempos japonés. Dos escuelas, dos maneras de entender la velocidad y una misma
intención: que las motos clásicas no terminen condenadas a permanecer quietas
en un garaje.
Y
esta vez Coke venía especialmente enchufado.
Apenas
unos días antes había estado peleándose con piedras, barro y escalones en el
Trial de Clásicas de Robregordo, sobre su Honda RTL 250 Réplica Lejeune. De las
botas de trial al cuero de velocidad, del equilibrio pausado entre piedras
húmedas al acelerador abierto sobre el asfalto asturiano.
Debe
ser que los años enseñan a dosificar las fuerzas, pero no necesariamente las
ganas.
La
subida fue dejando sus tiempos y también sus sensaciones. Coke comenzó con 1:04.293,
mejoró después hasta 1:03.985 y guardó lo mejor para la última manga,
donde paró el cronómetro en 1:02.398. Aquella progresión lo llevó al tercer
puesto de la categoría Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… Además,
en la clasificación general absoluta terminó en una meritoria decimosexta
posición. Subida Unquera Colombres - Podi…
Un
podio que tiene sabor especial cuando se alcanza lejos de casa, después de
cruzar media geografía y presentar una motocicleta clásica ante aficionados que
también entienden cuánto trabajo hay detrás de mantenerla competitiva.
Germán
siguió una partitura parecida.
La
Yamaha RD350 comenzó marcando 1:11.627, después rebajó hasta 1:11.250 y
también encontró su mejor registro en la última subida, con un 1:09.037
que lo colocó séptimo en Exhibición. Subida Unquera Colombres - Podi… En la
general ocupó la cuadragésima posición. Subida Unquera Colombres - Podi…
Y
ahí apareció una de esas pequeñas coincidencias que gustan al cronista: los
dos pilotos canarios hicieron su mejor tiempo precisamente en la última manga.
Cuando
la carretera ya había descubierto sus secretos.
Cuando
los nervios primeros se habían marchado.
Cuando
piloto y máquina comenzaban a hablar el mismo idioma.
La
última subida puso orden a las sensaciones. Coke encontró el podio y Germán
consiguió sacar de la Yamaha su mejor expresión justo cuando comenzaba a caer
el telón deportivo de Colombres.
Pero
estas aventuras tienen también otra clasificación que nunca aparece en las
hojas de cronometraje.
La
de los encuentros.
Y
allí apareció nuestro querido Canito Bultó, del Bultaco Sport Clasicc, con
su Bultaco TSS Pata negra, viejo amigo y fiel seguidor de Viejas Glorias
Canarias. Campeonísimo de la Copa América de Clásicas y uno de esos personajes
que llevan el motociclismo antiguo pegado a la piel, el encuentro volvió a
demostrar que las carreras clásicas tienen algo especial: uno puede llegar
desde Canarias, Cataluña, Asturias o cualquier otro rincón y, cuando aparecen
las motos, las distancias se acortan inmediatamente.
Abrazos,
recuerdos, batallitas. Preguntas por amigos comunes.
Y
ese idioma universal de las carreras donde bastan dos nombres de motos para
mantener una conversación durante media tarde.
Canito
representa además ese vínculo extraordinario entre generaciones y territorios
que Viejas Glorias ha cultivado durante tantos años. Personas que llegan a
nuestras islas, comparten actividades, regresan a la Península y continúan
formando parte de una familia que no entiende demasiado de fronteras cuando hay
gasolina y recuerdos de por medio.
La
organización de la subida tuvo también un gesto que nos llenó especialmente de
orgullo.
Al
finalizar la jornada quiso reconocer al Moto Club Las Palmas Roque Nublo
con una placa por acudir, por segundo año consecutivo, desde Canarias para
participar en la prueba.
Puede
parecer un pequeño detalle.
Pero
quienes organizamos eventos sabemos perfectamente cuánto dicen estos gestos.
Porque
detrás de dos motos en una línea de salida existen billetes, transportes,
preparaciones, herramientas, noches de garaje, llamadas, permisos,
desplazamientos y, sobre todo, muchas ganas de representar fuera de las islas
una manera de entender nuestra cultura motociclista.
Aquella
placa no premiaba solamente un resultado.
Premiaba
la presencia. La continuidad, y el esfuerzo de volver.
Quizá
por eso nos supo tan bien.
Colombres
ha conseguido construir alrededor de las clásicas un ambiente donde el
cronómetro importa, claro que importa, pero nunca consigue eclipsar lo
fundamental. Allí todavía se habla con los propietarios, se mira una culata, se
pregunta por unos carburadores, se escucha cómo arranca una moto y se reconoce
a determinados modelos antes incluso de verlos aparecer.
Eso
es patrimonio vivo.
No
hace falta encerrar las máquinas detrás de un cordón para proteger su historia.
Algunas veces la mejor manera de conservarlas es precisamente escucharlas rugir
otra vez.
Coke
y Germán lo entendieron perfectamente.
Uno
volvió a saborear un podio con la Ducati.
El
otro siguió descubriendo el carácter salvaje y divertido de aquella Yamaha
RD350 del equipo Tito Inza.
Los
dos mejoraron hasta el último intento.
Los
dos volvieron a vestir los colores de Viejas Glorias lejos de Canarias.
Y
los dos regresan con algo más importante que una clasificación: otra
historia que contar.
Mientras
recogían las motos y terminaba la jornada, quedaban atrás el verde asturiano,
las curvas, el ruido de los escapes y los amigos encontrados por el camino.
Canito
Bultó. la organización, la placa del Moto Club. el podio.
Las
viejas mecánicas enfriándose después de la última subida.
Y
esa sensación maravillosa de comprobar que todavía existen lugares donde
envejecer no significa quedarse quieto.
Porque
estas Viejas Glorias siguen teniendo gasolina.
Y,
por lo que vemos, también mucha carretera por delante.

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